1
Pero, tal vez, un día volveré
Escrito por Sofia
el
jueves, agosto 27, 2009
, en
Ana,
Belén,
Familia,
Ficción,
María,
Rodrigo,
Sofía
Llevo más de dos semanas canturreando esa canción Rafaela Carrá.
Por fin me fui de vacaciones y........... todavía no he vuelto. Me marché sola y la verdad es que no está nada mal esta nueva experiencia. Tengo una casita alquilada en Es Pujols (Formentera). Dicen los lugareños que aunque es una localidad turística, a la vez es muy íntima. Y es verdad, porque la gente que reside aquí, lo hace por largas temporadas. No hay nadie que resida aquí por menos de un mes. Las playas son de arena blanca como en mis mejores sueños. Y si quieres vida nocturna, la tienes todos los días.
He conocido a un grupo de gente con los que hago un millón de cosas. Salimos de noche y de día, pero sí en algún momento alguien no se apunta, no se le insiste hasta la incomodidad.
Cuando llegué, llamé por teléfono a Ana y a María. También llamé a Rodrigo y a Belén. Y como no, a mi madre. Tuve que escuchar de todos decirme lo mismo sobre irme sola de vacaciones.
No he vuelto a coger el teléfono ni a llamarlos desde entonces. Tengo la sensación de haberlos olvidado igual que a mi vida.
Tengo otra vida, tengo otros amigos y me gusta mucho más que lo de antes. Me quedan quince días para decidir qué hacer y mientras tanto sigo canturreando.
Por fin me fui de vacaciones y........... todavía no he vuelto. Me marché sola y la verdad es que no está nada mal esta nueva experiencia. Tengo una casita alquilada en Es Pujols (Formentera). Dicen los lugareños que aunque es una localidad turística, a la vez es muy íntima. Y es verdad, porque la gente que reside aquí, lo hace por largas temporadas. No hay nadie que resida aquí por menos de un mes. Las playas son de arena blanca como en mis mejores sueños. Y si quieres vida nocturna, la tienes todos los días.
He conocido a un grupo de gente con los que hago un millón de cosas. Salimos de noche y de día, pero sí en algún momento alguien no se apunta, no se le insiste hasta la incomodidad.
Cuando llegué, llamé por teléfono a Ana y a María. También llamé a Rodrigo y a Belén. Y como no, a mi madre. Tuve que escuchar de todos decirme lo mismo sobre irme sola de vacaciones.
No he vuelto a coger el teléfono ni a llamarlos desde entonces. Tengo la sensación de haberlos olvidado igual que a mi vida.
Tengo otra vida, tengo otros amigos y me gusta mucho más que lo de antes. Me quedan quince días para decidir qué hacer y mientras tanto sigo canturreando.